En esta meditación la energía de tauro nos acompaña. Sembrar para cosechar.

Muy buenas tardes, buenas noches aquí presentes en este espacio de Luna Nueva. Una luna que fue el pasado sábado 16 y pues, por motivos de trabajo y cositas aquí, la hacemos el día de hoy. Así que bueno, vamos a comenzar. María Victoria, si quieres seguir para poder hablar un poquito de este tiempo de Luna y lo que nosotros queremos invitarles a hacer.
Vale, pues muy buenas tardes y muy bienvenidas, muy bienvenidos. Compartiros mi alegría por poder estar un día más aquí juntos celebrando el inicio de la nueva lunación, la Luna Nueva, que es el inicio de las lunaciones. Y bueno, como ya sabéis, va a ocurrir en Tauro. El momento de cualquier Luna Nueva es cuando el Sol está en conjunción con la Luna. Y en esta ocasión también lo vamos a tener en conjunto con Mercurio y también va a estar bastante cerquita de Urano, que aunque ya está en Géminis, bueno, ahí están dándonos su fuerza. Entonces vamos a tener ahí como mezcladas las energías de Tauro un poquito con estas energías más de la mente de Mercurio y de Urano, pero así nos vamos preparando porque ya estamos casi acabando en los tiempos de Tauro y estamos entrando en los tiempos de Géminis, así que la palabra también va a ser importante hoy.
Y nada. Ah, bueno, quería comentaros que vamos a trabajar un poco con la energía de Tauro. Veníamos de estar trabajando con Aries, que era la energía de inicio, el impulso para empezar algo nuevo, y ahora lo que toca, una vez que ya hemos adquirido ese impulso y esas ganas de nacer y de empezar algo, lo que toca es hacernos con las herramientas. Digo herramientas simbólicamente para darle forma a esto que queremos sembrar o que queremos manifestar. Y vamos a utilizar pues toda esta energía taurina, que es la energía más de tierra, más de manifestación; es la más terrenal, la más unida a los sentidos, al cuerpo, a gozar del cuerpo, a estar en calma. Se me estaba viniendo a la mente la imagen de Tauro, que es un toro. Un toro que, si os dais cuenta, imaginaroslo pastando y, después de comer, se sienta plácidamente a rumiar, a rumiar su comida pasándola de estómago en estómago con toda la calma del mundo. Es un poco la energía taurina: va a transformar, a digerir la hierba que ha comido en su musculatura tan fuerte y tan potente, ¿no? O sea, transforma en musculatura, en robustez, en energía, pero muy lentamente, rumiando toda la comida. Y eso es un poquito la energía que queremos transmitir en nuestro momento.
Y nada más, eso es un poco así como para ponernos en situación de cuál es el momento. Les habíamos compartido si querían de pronto tener una velita o algún olor que quisieran poner, un incienso. No es absolutamente necesario, simplemente es como una invitación también para este momento, este regalito que nos damos cuando estamos en estos momentos así de meditación. Y sobre todo las meditaciones, cuando se hacen de forma grupal, pues tienen esa fuerza todavía mayor a la hora de la manifestación. Igualmente, como sugerencia, como eso que tú quisieras sembrar o eso para lo cual, digamos, vamos a acompañarnos de esa energía de transformación, como lo dice María Victoria en esta meditación. También les hemos dejado la imagen de este mandala; no tiene que ser así el que vamos a visualizar, pero para tener una idea, en un momento determinado de la meditación vamos a invitarles a trabajar sobre un mandala. Así que bueno, listo, María Victoria, cuando tú quieras comenzamos.
Pues venga, si ya os habéis acomodado, que me imagino que sí, pues vamos a empezar nuestra meditación cerrando muy suavemente los ojitos, volviendo la mirada hacia dentro y empezamos poniendo atención. Vamos a ponerla en nuestro cuerpo, concretamente en la postura para repasarla. ¿Cómo estás sentado? ¿Cómo estás sentada? ¿Cómo estás acomodado? Tus pies firmemente anclados a la tierra, tus pies y tu coxis. Siéntate ahí, sostenido en contacto con la horizontal de la Tierra. Y desde ahí te sugiero que pases tu atención a la espalda; ahora nos elevamos en vertical. Observa tu espalda, que esté recta, lo más recta posible, pero que no esté rígida. Observa tus hombros, que estén relajados, dejando caer su peso hacia la tierra. Tus manos reposan en el regazo o sobre las piernas, simplemente abiertas o formando un mudra. Pon atención en tu barbilla; colócala ligeramente hacia delante, liberando así la zona de las cervicales y consiguiendo que tu coronilla esté directamente enfocada al cielo. Pasa que los músculos de tu cara están serenos y que tus labios esbocen una pequeña sonrisa.
Ahora vamos a poner nuestra atención en los movimientos que hacemos a la hora de respirar. Pon atención en tu respiración. Observa cómo es en este momento, solo la estás observando. Mira a ver la frecuencia que tiene, si es muy rápida o es muy calmada. Observa su profundidad. ¿Hasta dónde llega el aire cuando inspiras? Párate a percibir las sensaciones táctiles que ocurren en tu nariz cuando el aire está entrando. Observa si estas sensaciones son diferentes cuando el aire sale. Sigue observando tu respiración y los movimientos que, aunque muy sutiles, hace tu cuerpo: la expansión de tu pecho y quizás de tu abdomen cuando recibes el aire, y la contracción cuando espiras.
Si quieres, ahora fuerza ligeramente tu respiración e ve haciéndola cada vez más lenta. Procura, sobre todo, que el tiempo que dura la espiración sea más que la inspiración. Y puedes procurar también que sea más profunda, que el aire llene completamente tus pulmones, que sientas cómo tu abdomen se eleva. Y cuando lo sientas, suelta el control sobre tu respiración y déjala que fluya de manera natural.
Vamos a seguir fomentando nuestra atención y esta vez, apoyándonos en las energías que nos están inundando desde el cielo, vamos a centrarnos en nuestros sentidos, en nuestros sentidos corporales. Empezaremos por el tacto, así que muy lentamente vete recorriendo todo tu cuerpo, sintiendo el roce de la ropa, sintiendo en los pies el contacto con el suelo. Sube desde tus pies por tus piernas hasta tus caderas. La ropa puede ser el instrumento con el que sientas más contacto en este momento; observa sus sensaciones, su textura, cómo actúa sobre tu piel. Siéntelo también en tus brazos, en todo tu abdomen, tu tronco y tu espalda, y siente cómo el aire puede estar rodeando tu cara y tu pelo.
Y ahora, sin abrir los ojos, que no es necesario, vamos a observar nuestro sentido de la vista a través de los párpados cerrados. Seguro que puedes visualizar sombras y luces. Pasa de los ojos a tu nariz y sé muy consciente de los olores y fragancias que hay en nuestra estancia, ¿dónde estás?
La atención la llevamos ahora al gusto. Si tienes algo cerquita, puedes ligeramente abrir los ojos y tomar un sorbito de esa infusión o aquella cosa rica que tengas cerca, saborearla. Y si no, simplemente observa a qué sabe tu boca.
Y por último, vamos a ir al oído. Aparte de escuchar la meditación, pon atención en si en el medio ambiente se están oyendo otros ruidos cercanos o lejanos. Y agradece por estos sentidos corporales que en muchas ocasiones te permiten gozar de tu cuerpo.
Vamos ahora a nuestra mente. Sentimos que se aquieta. Probablemente tengamos la irrupción de pensamientos automáticos, pero los observamos, simplemente los dejamos pasar y le decimos a nuestra mente que esté en este momento aquí presente, que es el momento en el que no hay que hacer nada, solo estar, solo ser, solo mirar hacia dentro.
Y ahora llega el momento de trabajar con nuestra imaginación. Quiero que te imagines dando un paseo por el campo. Es un día de primavera. El sol calienta ligeramente tu piel y hay una brisa muy agradable que acaricia tus cabellos. Estás caminando descalza o descalzo y sintiendo el roce de la hierba fresca bajo las plantas de tus pies, y sientes el aire que huele a tierra mojada, a flores, que huele a vida. Contemplas toda la naturaleza que hay a tu alrededor: la abundancia, las infinitas formas de vida y cómo estas formas de vida están conviviendo entre ellas en armonía, con facilidad.
En tu paso por el campo te vas a encontrar con un árbol, un árbol que se alza enfrente de ti, enorme, majestuoso. Es un árbol antiguo que ha permanecido ahí durante muchísimo tiempo. Te acercas lentamente hacia él hasta que llegas a tocar su tronco con las manos, y luego lo abrazas y percibes cómo te está transmitiendo su fuerza y su quietud. Ahora retrocedes un poquito y te vas a sentar ahí debajo de su sombra, cerquita de él, para poderlo contemplar. Una vez que has tomado asiento, empiezas a sentir cómo desde las plantas de tus pies y desde tu coxis nacen unas raíces energéticas que van creciendo y hundiéndose en la tierra. Descienden muy lentamente atravesando las capas de este suelo fértil hasta que llegan a encontrarse con las raíces profundas del gran árbol que está enfrente tuyo. Tus raíces te sirven para sentirte arraigado, pero al mismo tiempo te vas a dar cuenta de que estas raíces se están entrelazando con las raíces del árbol, y que esta comunicación entre ellas va a permitirte que llegue hasta ti su ser.
Hace muchísimo tiempo este árbol también fue una pequeña semilla, pero con paciencia fue creciendo, fortaleciéndose, atravesando todo tipo de climas y de estaciones, y llegó a convertirse en este ser robusto y firme que ahora tienes enfrente de ti. Observas que tu naturaleza es igual, porque tú también comenzaste siendo una semilla y necesitaste madurar durante nueve meses para aprender a respirar y así poder nacer a la vida independiente. Y necesitaste de muchos años para ir aprendiendo poco a poco a caminar, a hablar, a desarrollar tu cerebro y a comprender el mundo en el que estás. Tu cuerpo, como el árbol, y junto con tu mente y con tu corazón, se han ido formando poco a poco siguiendo su ritmo natural. La naturaleza te recuerda que todo crecimiento verdadero necesita tiempo. No hay que precipitarse, tampoco pararse ni retrasarse. Todo sigue un ritmo orgánico. Paciencia, constancia, perseverancia son las herramientas esenciales para cuidar y desarrollar cualquier semilla. Absorbe esta sabiduría del árbol que llegó hasta ti por tus raíces.
Y ahora contempla la actitud del árbol que tienes enfrente. Sabes que durante los inviernos ha perdido todas sus hojas, pero que aún así, cada primavera ha permitido que estas vuelvan a brotar. Él permanece allí firme, erguido, sostenido por la certeza de su propio valor. Él no se altera si nadie viene a refugiarse bajo su sombra, no siente que pierda su valor si los pájaros no construyen en sus ramas. Él continúa ofreciendo generosamente el oxígeno que nace de sus hojas sin preguntarse quién vendrá a respirarlo. Y a través de esas raíces que tenéis entrelazadas, llega a ti esta comprensión: tu valor no está en juego, tu esencia no depende de la mirada de los demás. Puedes ofrecer lo mejor de ti sin perder tu calma cuando otros no saben reconocerte o no saben aprovechar tus dones.
Ve asimilando estas sabidurías, recordando cuál es tu auténtica naturaleza. Y cuando ya sientas que estás absolutamente impregnada o impregnado de la sabiduría del árbol, te levantas lentamente para volver a comenzar a andar, a proseguir tu camino. Y con tus pasos sobre la tierra firme, vas recordando la energía de Tauro que te está envolviendo en estos momentos: tierra fértil, presencia, belleza, paz interior y construcción lenta y verdadera. Respira estas energías. Respira ese lugar estable que existe dentro de ti y al que sabes que, en cualquier momento, puedes regresar.
Y desde esta estabilidad vas caminando en este lugar precioso donde has iniciado este recorrido, un espacio de naturaleza, y sientes esa presencia, esa calma, eso que has experimentado junto al árbol. Respiras, te deleitas en el espacio, y ahora te detienes un momento y encuentras un círculo conformado por elementos de la naturaleza. Acércate. Pareciese algo mágico lo que estás viendo. Sí, es un mandala conformado por elementos de la naturaleza. Te preguntas cómo ha sido elaborado. Reconoces el mandala y observas el detalle de su estructura. En su círculo externo puedes observar diferentes elementos de la naturaleza. Permítete realizar ese mandala desde tu ser, cómo te gustaría hacerlo. Tal vez en el círculo externo pondrías unas piedritas, unas flores, unos palitos, unas conchitas de mar, hojitas. Déjate llevar por tu imaginación y ve ese mandala maravilloso que se encuentra para ti.
En el centro de dicho mandala encuentras varias semillas de colores y formas diferentes; algunas son más rugosas, otras más suaves, unas más grandes, más pequeñas. Respira profundo y observa una, la que te llame la atención. Puede que tenga una forma no muy clara, no importa. Ese elemento que te llama la atención es al que te vas a acercar. Deja que tu intuición te permita acercarte hacia aquello que vas a sembrar el día de hoy. Tomas esa semilla en tu mano, pero antes de ir a la siembra, te propongo que hagas contacto con tu corazón. Céntrate en tu corazón. Respiras, sientes el palpitar de tu corazón y permítete inhalar como si inhalaras a través del corazón. Inhalas. Exhala, corazón. Inhala la calma. Exhala todo lo que te impacienta. Inhala presencia. Exhalas distracción. Inhala amor. Exhala inquietud.
Sigue respirando a través de tu corazón y, con cada inhalación, observas cómo en tu corazón se va conformando una espiral de amor. Al inhalar, esta espiral cada vez se va haciendo más grande, más preciosa, y este amor, esta espiral, se extiende hacia tus manos, llenando de amor —desde la coherencia del amor— tu semilla, esa que te dispones a sembrar el día de hoy. Inhala, corazón. Exhala todo aquello que no requieres para tu día de hoy.
Y poco a poco vas sintiendo cómo ahora esta energía de la Luna Nueva te acompaña en esa dirección hacia una tierra fértil, una tierra labrada, maravillosa, que encuentras muy cerca de tu mandala. Esta tierra ha sido arada y preparada con todas las cualidades de Tauro, todas esas cualidades que van a permitir a tu semilla transformarse. Recuerda aquella presencia del árbol. Recuerda su solidez. Recuerda que el árbol sabe y reconoce su valor más allá de lo que otros puedan observar en él. Con esta presencia, con esta actitud, reconociendo que tus manos están nutriendo de amor tu semilla, te diriges hacia esa tierra en donde el surco ha sido labrado para que tú puedas colocar tu semilla. Aquí la energía de la Luna Nueva nutre tu tierra, aquella que dará frutos en unos meses, pero que requiere paciencia. Sin embargo, si no siembras, no obtendrás ningún árbol para ti. Y con muchísimo amor, aquel que emites desde tu corazón, vas cubriendo de tierra tu semilla. Coloca las manos sobre tu tierra, sobre esa semilla, y al lado encuentras un cuenco con agua. Es el agua con la que vas a regar tu semilla. Esta agua tiene unas características especiales; permítete escuchar esas cualidades, eso con lo que vas a sembrar la semilla el día de hoy. Es momento de regar tu semilla.
Continúas en esta tierra fértil con el corazón lleno de amor y también de gratitud.
…
Bueno, chicas, y la salud es el cuerpo y el cuerpo es materia, la y la mente también. claro, todo está relacionado.
Muy bien. Buenas noches. Gracias.
Namaste.



Te invito a que hagas de tu vida una meditación, no solo en situaciones puntuales, grupales, sino que cada acto de tu vida, pensamientos, trabajos, situaciones cotidianas se conviertan en eso…una meditación activa en tu ser.
Con cariño


