Meditación para abrir tu corazón, tu sagrado corazón


En esta meditación de la luna nueva en Leo y el eclipse solar, María Victoria y Nathalie te acompañan te acompañan para ir hacia tu corazón, reconocer el brillo personal y la conexión con la esencia auténtica a través de la guía del niño interior.

Muy buenas noches. Nos encontramos el día de hoy realizando esta meditación para ir hacia tu corazón. Esta es una invitación a hacer ese camino hacia ese corazón a través de la mano de tu niño mágico. Así que bienvenida, María Victoria, gracias por estar aquí. Cuando quieras.

Pues muy buenas a todos. Gracias por acompañarnos y efectivamente vamos a aprovechar las energías del día de hoy, como siempre de siembra, pero con un añadido más que le va a hacer muy especial, como ya sabéis. Y nada, vamos a empezar nuestra meditación.

Alineación Corpora y Postura

Así que lo primero que os invito es a que cerréis los ojos suavemente y que con este acto, además, ponemos la intención en separarnos del mundo exterior, volver la mirada hacia dentro (este regalo) apartándonos de las preocupaciones cotidianas. Siéntate cómodo, cómoda, en la postura que utilizas normalmente para meditar. Asegúrate de tener un buen contacto con la tierra a través del suelo con las palmas de tus pies y con tu coxis. Repasa cómo está tu columna vertebral. La espalda se mantiene recta; levántate desde el suelo hacia arriba. Procura que esta rectitud también sea al mismo tiempo cómoda, que no te impida estar concentrada y en el acto de la meditación. Comprueba también que tu barbilla está ligeramente inclinada hacia delante, que dejas así liberada la zona de la nuca y que tu coronilla queda enfocada al cielo; así estás al mismo tiempo conectada y conectado con la tierra y con el cielo.

Procura que tus hombros estén relajados. Déjalos caer hacia el suelo y hacia atrás para que tu corazón se abra, y observa cómo están las facciones de tu cara. Intenta que mantengan una actitud serena y relajada: que el ceño no esté fruncido, que las mandíbulas no estén apretadas, que la boca se entreabra ligeramente e incluso esbozas una pequeña sonrisa. Aparte de tu cara absolutamente serena y relajada, haz un pequeño escáner por el resto de tu cuerpo para ver si existe en algún punto alguna incomodidad, alguna contractura, alguna pequeña presión. Y si así fuese, con tu intención la envías a la tierra para que ella la acoja y la transforme.

Conciencia de la Respiración

Lleva tu atención ahora a la respiración. Observa simplemente cómo estás respirando, cuál es ese movimiento que se produce naturalmente a lo largo de toda tu vida, ese movimiento tan vital. Observa cómo el aire está entrando continuamente, cómo va recorriendo tus pulmones y luego sale. Observa las sensaciones que esta respiración normal y natural —que no estás forzando para nada— está ocurriendo en ti. Observa la temperatura del aire que entra y que sale, el roce que produce en tu nariz. Puedes incluso también darte cuenta de si el aire entra más fácilmente por una de tus fosas nasales que por la otra. Y también puedes observar cómo todo tu cuerpo acompaña a este proceso: esos ligeros movimientos que se producen en tu pecho y en tu abdomen, esa expansión cuando el aire entra y la contracción cuando el aire sale de tu cuerpo.

La atención en la respiración va calmando tu mente, va relajando tu cuerpo, va serenando tus emociones. Después de esta pequeña preparación, quiero que te dispongas a trabajar con tu visualización y con tu mente. Puedes poner en ti la imagen del día de hoy, el día en el que el sol es el gran protagonista, el día en el que el sol por unos momentos deja de brillar, en el que por unos momentos se produce la oscuridad y el silencio. Esta visión hermosa, nada habitual y fantástica, te invita a que hoy podamos dirigir nuestra mirada a algo más propio nuestro: vamos a contemplar también el brillo, pero nuestro brillo personal. Miraremos hacia dentro, vamos a ver esa luz que habita en nuestro interior, esa luz que a veces se expresa con muchísima fuerza o que en otras ocasiones puede permanecer esperando a ser reconocida.

Te invito a que te preguntes con toda la honestidad del mundo: ¿hay muchas veces en mi vida en las que necesito que los demás me aplaudan para sentir que yo brillo? O, por el contrario, ¿quizás lo que sea más frecuente es que no te permites destacar ni mostrar tus dones por miedo a ser visto? No busques una respuesta en la mente, simplemente deja que aparezca. Cualquier respuesta es válida; no juzgues en este momento, acepta lo que te llegue. Todo es bienvenido, y si le acompaña alguna emoción, también es bienvenida y acogida.

Respira conscientemente al menos una vez. Y ya cuando tengas esta respuesta anclada en tu interior, mírate hacia adentro y pregúntate cómo te sientes ante esta verdad que ha aparecido ante ti. ¿Crees que cuando estás actuando de alguna de las dos maneras eres realmente auténtico? ¿Crees que con estas actitudes eres realmente libre, o estás condicionado por lo que el mundo está esperando o crees que el mundo espera de ti? Probablemente adoptemos estas actitudes en nuestra necesidad de ser queridos; tal cual pensemos que vamos a merecer amor es cómo actuamos. Siente que la verdadera valentía no está ahí: la verdadera valentía estaría en actuar con naturalidad, con tu auténtica esencia.

Tu niño interior

Así que en el día de hoy, ante estos descubrimientos, vamos a intentar volver a nuestra naturaleza, a nuestra mayor autenticidad. Te voy a pedir ahora que pongas en tu mente una imagen que pueda representar estas dos cualidades: la imagen de ti cuando eras niño o niña. Pero no busques aquella imagen del niño herido, sino aquella de cuando tu niño era absolutamente libre, absolutamente natural, absolutamente inocente y sin estar contaminado por lo que el mundo esperaba de él. Este niño que todos llevamos dentro y que a veces no vemos porque está escondido detrás de nuestras capas de creencias y mandatos… Deja que vaya apareciendo la imagen de tu pequeño, de tu pequeña. Observa cuál es su carita, observa cómo es su expresión, su sonrisa, y sobre todo observa su espontaneidad. Este niño no ha aprendido a esconderse para agradar, este niño no necesita demostrar nada para sentirse suficiente, y este niño está siempre dentro de nosotros.

Acércate despacio hacia él, hacia ella, y le puedes sonreír y tomar su manita para caminar junto a él, junto a ella. Siente la calidez de esa pequeña mano y míralo, porque a lo mejor tiene algo que decirte. Probablemente esté deseando acompañarte y llevarte hacia ese lugar donde tu energía y tu esencia siguen intactas, porque tú nunca necesitaste la aprobación de nadie. Así que te pido que te quedes unos instantes en silencio ante la contemplación de este niño divino, inocente e interior que llevas, integrándolo en ti.

Ahora te permites visualizarte a ti, a ese ser adulto, junto con tu niña, con tu niño mágico, con ese ser donde habitan todas las posibilidades. Pero tú, el adulto, la adulta, vas a hacerte cargo de aquello que ha ido sosteniendo y cargando este niño y que no le permite encontrar ese brillo interior, esa iluminación hacia su corazón. Irás entregando todo aquello que no te permite llegar al ser. Te pido que revises y sientas los juicios que haces sobre ti mismo, sobre ti misma. Simplemente concéntrate en tu cuerpo y siente dónde resuenan en él los juicios. No juzgues el juicio, simplemente observa tu cuerpo: dónde te resuena, dónde te llama. Siente también cuándo te has sentido juzgada, juzgado. Observa dónde te pesa, dónde lo sientes.

Acompañamos visualizando una luz de color dorado descendiendo hacia esa zona donde pesan los juicios y envolvemos con ese espacio dorado, con esa cápsula de color dorado, esos pesos sobre los juicios que emites hacia ti mismo o que sientes que has sido enjuiciado de alguna forma, y los dejamos en la Madre Tierra para que la tierra los transmute.

Pon atención ahora a esos roles que has tenido que interpretar o que te han sido impuestos: el deber ser, el ser bueno para no molestar, el ser responsable, el ser educado, el ser correcto… diferentes roles que tú sientas. Y ahora observa en tu cuerpo dónde resuena la palabra «roles impuestos». No lo juzgues, simplemente reconoce el peso de esos roles impuestos. Descendemos esa cápsula de color dorado en esas zonas de tu cuerpo, envolviendo los roles que has tenido que ir jugando, trabajando y desarrollando para ser visto, para ser tenido en cuenta, para ser valorado. Reconoce y recoge esos roles sin juicios, deja que la luz de color dorado los envuelva y los dejamos en la Madre Tierra para que los transmute.

Ahora observa en tu cuerpo los momentos en que has experimentado el desamor, la desvalorización desde el dolor. Simplemente observa tu cuerpo, consciente de las palabras desvalorización y desamor, y deja que esa cápsula de color dorado vaya descendiendo en tu cuerpo envolviendo todo ese desamor y esa desvalorización. Deja que lo envuelva, que lo recoja, y lo dejas en la Madre Tierra para que la tierra lo transmute. Si te es difícil soltar, simplemente siente cómo un ser luminoso —tu ángel de la guarda, tu ser que te cuida— está a tu lado acompañándote en este proceso.

Respira profundo. Sueltas el aire y visualizas ahora desde tu coronilla un agua, como si fuese una cascada muy amorosa, que nutre y llena todos esos espacios donde has soltado aquello que te ha pesado. Respira profundo, sueltas el aire, tocas y coges de la mano a tu niña, a tu niño mágico, para continuar este camino hacia la iluminación de tu corazón.

Caminando con tu niño has llegado por fin al destino. El destino es el templo donde reside el niño interior: es tu corazón. Ya has liberado cosas que te pesaban. Ahora, específicamente, creo que antes de entrar con tu niño en este templo sagrado en el que él normalmente habita, te liberes de lo último para que tu corazón esté completamente limpio. ¿Y qué tal si queda algún resquicio de juicios o prejuicios? Si crees que queda en tu corazón algún rastro de resentimiento, de miedo o de dolor, ha llegado el momento de soltar todas estas capas que están cubriendo y apagando la luz de tu corazón. Entrégalas de nuevo a la tierra, o si prefieres, al fuego. Confía en que ambos elementos purifican y saben devolver a su origen estos sentimientos.

Y ahora sí, tu corazón ha recuperado su brillo natural y abre sus puertas de par en par para que tú y tu niño divino (que siempre ha estado esperando regresar a casa) pueda convertirse ahora en su hogar definitivo, ahí en tu corazón limpio y purificado. Sí que puedes utilizar a este lugar, a este centro de tu ser, como una guía segura para tu vida. Así que voy a sugerir que lleves tu atención al bombeo, a los latidos. Quizás si haces una breve pausa después de expulsar el aire te resulte más fácil percibir su presencia. Y escucha con atención, porque en cada latido de este corazón limpio y luminoso hay un mensaje, hay una información sutil que siempre ha estado ahí y solo estaba esperando a que tú la escucharas. Así que permanece muy atento, muy atenta, a ver qué es lo que te susurra.

Quizás te esté hablando de cómo deseas vivir tus relaciones. No busques una respuesta, simplemente permite que esta llegue. Y si no llega, permite que ese suave mensaje quede sutilmente, aunque no sea visible para ti, en tu interior.

Quizás alguno de estos latidos también quiera mostrarte cómo en realidad deseas enfocar tu trabajo y cuál es tu verdadera contribución a la sociedad, al mundo, qué es aquello que da verdadero sentido a tu vida. De nuevo: no pienses ni imagines, solo siente ese mensaje delicado. Deja que aparezca esta información que puede ser tan sutil que no seas capaz de reconocerla en este momento, pero ahí está tu corazón: te lo está contando, te lo está susurrando.

Quizás también quiera decirte algo acerca de tu cuerpo y de sus cuidados. Probablemente no te hable de lo que deberías hacer, de lo que se supone que es lo correcto, lo que todo el mundo opina y dice. Tu corazón te hablará de tu auténtica naturaleza, de tu naturaleza humana en este momento, que tendrá unas necesidades específicas. Te hablará de qué es lo mejor para vivir con salud, con equilibrio y con bienestar. Profundiza y ten la certeza de que tu corazón te está hablando aún cuando no lo puedas sentir ni visualizar. Ahora te está dejando su mensaje, su bonito mensaje.

Vuelve a escuchar el latido de tu corazón y las señales que te está enviando. ¿Qué más quiere decirte de tu auténtica esencia, de tu auténtica naturaleza? Y de nuevo te pido que permanezcas unos instantes en silencio, dejando que esta sabiduría se siga revelando, se siga posando dentro de ti.

Vamos entonces, junto con nuestra niña, con nuestro niño mágico, a caminar hacia una gruta. Es un espacio sagrado en donde nos vamos a ir más allá, a encontrar ese brillo interior. En esta gruta, en esta cueva especial, encontrarás unos cristales, gemas, minerales que te llaman la atención. Deja que tu niño mágico, tu niña, escoja y encuentre los cristales y su brillo. Tal vez le llame la atención un mineral, un cristal, una gema, varios… Deja que los escoja. Esboza una sonrisa mientras estás encontrando esos cristales, esas gemas preciosas. Encuentra tu verdadera autenticidad aquí.

Tu niño, con esos cristales, comienza a colocarlos en diversas grutas, diversos nichos de esta cueva, en esos espacios donde la naturaleza te deja colocar los cristales, los minerales. Y déjalo que juegue, déjalo que conecte con todo el brillo que cada una de estas gemas y de estos cristales emiten. Aquí tu corazón encuentra ese brillo, porque esta gruta es tu corazón. Y experimenta aquí cómo se ilumina tu corazón a partir del brillo interior, de ese brillo, de ese colorido que tu niña, tu niño mágico, te recuerda el día de hoy.

En esta gruta, la energía del Padre habita aquí. Ese sol nos recuerda esa energía del Padre que siempre está presente. Es tiempo de realizar la voluntad del Padre viviendo desde la plenitud. Y por un momento experimenta la plenitud, la abundancia, el brillo de tu corazón. Reconoces la cara, la esencia de ese niño mágico que hoy te ha acompañado a volver a tu esencia del ser profundo que habita en ti. Siente, reconoce ese brillo que eres tú y respira profundo.

Sueltas el aire, llevas ahora esa gruta, ese corazón hacia tu pecho, hacia ese palpitar. Y cada aspecto al que has dado ese matiz —tu relación, tu profesión, tu cuerpo, tu salud— se ilumina con este corazón que hoy brilla desde el interior. Recuerda: es tiempo de realizar la voluntad del Padre viviendo desde la plenitud. Y respira profundo. Sueltas el aire para ir regresando a tu momento, a tu aquí y ahora. Cuando estés listo, lista, abre tus ojos.

Namaste.

Con cariño