Meditación para ir hacia tu hogar interior


En esta meditación acompañadas de la luna nueva en Cáncer, María Victoria y Nathalie te acompañan a soltar las fidelidades a tus ancestros para ir hacia tu hogar interior

Buenas noches y muy bienvenidos y bienvenidas a este espacio de meditación. Hoy estamos en nuestra luna nueva en Cáncer, un momento muy especial. Recordarles que hemos comenzado a hacer estas meditaciones de lunas nuevas e invitándoles a que escriban y registren esas cosas que estamos sembrando en este tiempo de luna nueva para que dentro de 6 meses, que será esa luna llena, podamos recoger esa cosecha y mirar en relación a esa luna nueva qué podemos estar observando y recogiendo. Así que bueno, bienvenidos, y María Victoria, por favor, sigue para comentarnos un poco acerca de qué es lo que nos dice la energía de esta luna.

Pues muy buenas noches, bienvenidos y, como siempre os digo, encantada de estar en este espacio de meditación, en este espacio que compartimos unos cuantos. Hoy nos toca la luna nueva en el signo de Cáncer y quería comentaros que el regente del signo de Cáncer es la Luna, con lo cual esta Luna tiene de especial que está justamente en su domicilio, está en su casa, lo cual la hace, no sé, un poquito más potente quizás. Y va a estar acompañada la Luna y el Sol, que están en conjunción los dos ahí en el grado veintitantos de Cáncer, por Mercurio, que es el planeta que rige la mente, las ideas y el intelecto, que en esta ocasión está retrógrado. Y cuando un planeta está retrógrado, que no es más que una percepción que tenemos desde la Tierra del movimiento del planeta, astrológicamente a lo que nos invita es a interiorizar, a mirar hacia dentro, a volcar esas ideas no hacia fuera, sino hacia nuestro interior.

Así que, con estas premisas, vamos a trabajar un poquito con la energía de Cáncer, que es uno de los signos de agua, por tanto, de los más relacionados con las emociones. Rige también todo aquello que tiene que ver con la familia, con todos nuestros ancestros y nuestro clan familiar, todo lo que tiene que ver con nuestro hogar, con nuestro sitio de seguridad, nuestra zona de confort. Bueno, todo muy hogareño, todo muy relacionado con nuestro clan, nuestra tribu y todo lo que se mueve alrededor de ella. Así que, con estas premisas, vamos a adentrarnos un poquito en estas energías y vamos a hacerlo meditando.

Así que os propongo que ya os coloquéis en esa posición que elegís para hacer vuestra meditación, que suavemente cerréis los ojos y, con este acto de cerrar los ojos, le informamos a nuestro ser y nos desconectamos de todo lo exterior para mirar solamente hacia nuestro interior. Dejamos fuera las preocupaciones del día a día. No hay nada que hacer, nada que resolver en este momento; es un regalo para nosotras y para nosotros mismos.

Después de esto, quiero que pases tu conciencia, tu observación, a la postura que tienes, que pongas tu foco en tus pies y que estén bien arraigados al suelo, muy en contacto así con la madre tierra, sintiendo cómo este planeta te sostiene y haciéndote también consciente de que tienes una parte material que te ha proporcionado este planeta, nuestra tierra. Desde los pies, pasa tu atención a tu columna vertebral. Procura que esté erguida, lo más recta posible, pero flexible para no estar incómodo. Y siendo consciente de que así estás elevando en vertical tu cuerpo y llevando tu cabeza hacia el cielo.

Observa también cómo están tus hombros. Déjalos que caigan hacia la tierra, que vayan ligeramente hacia atrás. Siente así que tu pecho se abre, que tu corazón permanece en actitud de recibir. Y desde ahí toma conciencia de cómo está tu mandíbula, sobre todo tu mandíbula inferior: que esté suelta, para nada apretada, y lleva ligeramente hacia delante para colocar la coronilla en perfecta vertical con el cielo y para hacer un semiacto de reverencia y acercarte a tu corazón.

Como estamos influenciados por esta energía tan emotiva, tan de agua, de Cáncer, vamos a visualizarnos cerca de un lago, un precioso lago de aguas limpias y cristalinas que nos están invitando a entrar en él. Te diriges hacia él, introduces los pies notando la temperatura perfecta que tiene esta agua. Avanzas un poquito y el agua te va cubriendo las pantorrillas, las rodillas, los muslos, las caderas, y vas sintiendo este roce del agua, este masaje que está haciendo a tu cuerpo, este masaje que lo está liberando de las pequeñas contracturas que puedan estar allí, que lo está limpiando, que lo está sanando.

Sigues avanzando. Notas ahora cómo tu cintura queda dentro del agua. Sube por tu torso. Quedan sumergidas tus manos, siempre sintiendo el masaje del roce del agua, su limpieza, la eliminación de tensiones, y adéntrate aún más. Deja que cubra tu garganta, sumerge tu cabeza. Quédate, si prefieres, flotando y sintiendo cómo limpia todo tu cuerpo: tu cuerpo físico, tu cuerpo mental, tu cuerpo emocional. Y cuando sientas ya que el agua ha cumplido su función, sales a la orilla sintiendo esa sensación placentera que sentimos siempre después de un baño y un contacto tan profundo con este medio líquido.

Desde allí te diriges al campo que está cercano a este lago. Es un espacio inmenso. Una vez allí, recuerdas que más allá de nuestra conciencia individual, también existen otros campos de conciencia colectiva. Todos estamos inmersos en estas conciencias colectivas, pero hay uno de ellos que es quizás el más determinante, el que más influencia tiene en nuestras vidas: es la conciencia colectiva de nuestro clan familiar. La energía de Cáncer nos invita a conocer este campo y a honrar esta conciencia familiar.

Así que visualízate en esta inmensa llanura que estaba al lado del lago y, con tu intención, vamos a convertir este amplio espacio en un lugar sagrado para la conciencia colectiva de tus ancestros. Mirando, vas notando cómo poco a poco este paisaje empieza a poblarse. Empiezas a divisar la presencia de multitud de figuras humanas. Las que están más al fondo, más lejos de ti, apenas serán siluetas difusas; no alcanzarás a reconocer sus rostros. Pero a medida que vas acercando tu mirada a los que están más próximos, empiezan a definirse algunas de sus facciones. Justo frente a ti, los que verás más próximos serán tus bisabuelos, delante tus abuelos y, por fin, justo delante de ti, a tu papá y a tu mamá, a tus padres.

Estás observando un campo inmenso en el que hay multitud de individuos y cada uno de ellos tiene detrás la presencia de sus propios padres. Se amplía hasta el infinito, pero todos sin excepción mantienen detrás esas dos fuerzas que les dieron la vida. Ahora miras hacia lo más lejano, hacia lo más profundo del horizonte, y vas a ver cómo unas pequeñas lámparas comienzan a encenderse en esa distancia. Aparecen destellos que avanzan imparables hacia el presente, porque cada generación de padres va encendiendo la lámpara de sus hijos. Les están transmitiendo así el fuego sagrado de la vida, de la existencia. Observas esta ola de luz que viaja desde muchísimos siglos atrás hacia ti, y ya va alcanzando a tus tatarabuelos, a tus abuelos y a tus padres. Y finalmente son ellos los que encienden tu propia lámpara.

La vida ha viajado desde el fondo hacia ti. Esta corriente vital solo fluye en una dirección: la vida siempre viene desde nuestros ancestros. Es un regalo inmenso que hemos recibido de ellos y que nunca podremos devolverles; nunca les podremos dar vida a ellos, pero podemos darles nuestra gratitud haciendo que nuestra propia vida sea luminosa y plena, logrando que ellos se sientan así honrados y orgullosos de este traspaso de vida.

Pero además de esta luz que simboliza la vida, y con ella el mapa de tu ADN, te sugiero que pongas la atención en otro detalle. Aquellas figuras más lejanas están entregando a sus hijos un pergamino. En este lienzo van escritos los valores que forjaron, las costumbres que tenían, la manera en que enfrentaban sus destinos y sus desafíos. Pero en este lienzo también va la impronta de sus dolores, de sus heridas y de sus carencias. Observa cómo cada hijo recibe el pergamino de su estirpe y va a pasarlo a la siguiente generación. Pero antes de pasárselo, puede que él añada cosas de su propia experiencia o que limpie alguno de los párrafos que ahí están escritos. El resto lo transmitirá tal cual.

Cuando esta cadena haya avanzado, serás tú el que tome de sus padres este legado inmaterial. Ten en cuenta que quizás, por diversas razones, algunos pergaminos no han llegado a transmitirse: algún ancestro sin descendencia o que dejó de pertenecer al clan por alguna razón. Estos pergaminos se evaporaron, pero la información, que nunca se pierde como nos dicen las leyes universales, queda flotando en esta atmósfera, en este campo de la conciencia universal, de la conciencia familiar. Y esa es la atmósfera que tú estás respirando. Así que sigue ahí respirando esta información de todo tu clan.

Desde allí vas a permitirte observar dentro de ti cuáles son aquellos valores, formas de vida o heridas que has podido heredar. Haz una respiración profunda. Sé plenamente consciente de que la entrada del aire favorece la claridad de tu mente y que esto te ayudará a reconocer esos patrones ocultos en tu inconsciente que fácilmente han podido quedar albergados en tu cuerpo. Imagina este aire que respiras ahora llevándolo hasta tu abdomen y tu estómago. Pon atención en estos centros energéticos donde se alojan el miedo, la inseguridad, la sensación de escasez y todos los traumas que algún día pudieron amenazar la supervivencia de alguno de los tuyos.

Mira con contemplación a tu clan. Di en tu interior la palabra «familia». Lleva tus manos hacia el abdomen y hacia el estómago y siente. Quizás no aparezca ninguna información concreta ni detallada; simplemente siente. Siente si hay alguna memoria ancestral allí anclada que crees que merezca ser sanada y liberada. Sigue respirando y ahora eleva la llegada del aire hasta tu corazón y hasta tu garganta. Puedes otra vez, si quieres, poner allí tus manos, volver a mirar a tu clan, pronunciar mentalmente la palabra «familia» y disponerte a observar lo que sucede. Siente qué se despierta en estos centros energéticos. Ahí es donde solemos guardar las tristezas que no expresamos o que no expresaron nuestros ancestros, los secretos que nunca fueron dichos. Observa las reacciones de tu cuerpo en este lugar y quédate solo con la intuición de si ahí existe anclada alguna memoria que te haya llegado desde el pasado.

Ahora traslada tu atención, y con ella tu respiración, hacia los hombros, hacia la cabeza. No dejes de visualizar a tu clan delante de ti ni de invocarlo en tu mente, y siente allí posibles cargas que no te pertenecen, responsabilidades que assumes sin que te correspondan, sacrificios que realizas solo porque tienes mandatos inconscientes. Escucha lo que tu cuerpo te está mostrando.

Ahora recorre con tu mirada interna tu cuerpo y anota alguna sensación que puedas localizar. Tu cuerpo te transmitirá aquello que te hace falta saber, porque lo estás mirando con profunda atención y con profundo amor. Tómate unos instantes para evaluar todas estas herencias, todas estas memorias que han llegado a ti. Evalúa si hacen que tu existencia sea de una vida buena que honre a tus ancestros o si, por el contrario, prefieres en este momento disolverlas o transmutarlas.

Toma una respiración profunda, sueltas el aire y, después de este reconocimiento a tus ancestros, sus historias, sus sufrimientos, todo aquello que has sostenido y cargado con mucha fidelidad, te permites comenzar a discernir con qué quieres quedarte y con qué no. Hoy la luna nueva te invita a ese proceso de dejar ir aquellas historias que son parte de tu familia, pero que ahora no necesitas sostener. Esto no significa olvidarte de su historia: significa honrar su historia, sus vidas, pero también elegir soltar aquello que no necesitas sostener.

Visualiza una hoja de papel con un lapicero o un bolígrafo al lado y vamos a tomarnos unos instantes para escribir una carta de gratitud a los ancestros, de gratitud a sus vidas, a sus historias, de gratitud ante haber sostenido memorias que tal vez no les correspondían. Tómate un momento para hacer tu carta.

Ahora visualízate en la orilla de ese lago maravilloso, apacible, cristalino, donde hemos comenzado este capítulo de la meditación. Este lago te invita a acercarte hacia su orilla: vas a encontrar un barquito de papel. Y este barquito, aunque es pequeño, es lo suficientemente sólido para recibir toda la vibración de aquello que acabas de escribir en tu carta. Pero igualmente este barquito llevará también todo lo que tú has elegido entregar. Este barquito llevará sobre el agua de este lago cristalino los procesos de entrega. Recuerda: el agua del signo de Cáncer nos invita a transformar, nos invita también a dejar ir aquello que no necesitamos, porque vamos a hacer un camino de volver hacia nuestro hogar interior. Así que ya no necesitas revivir historias, solamente elige qué quieres conservar y qué deseas transformar.

Permítete ahora entregar todas esas memorias e historias transgeneracionales en ese barquito. Cuando te encuentres lista o listo, permítele ir por ese cauce de ese río que llevará toda la información hacia el agua del mar, en donde terminarán transformándose y transmutándose todas aquellas memorias que ya no requieres sostener.

Toma una respiración profunda, sueltas el aire y te preparas ahora para un nuevo comienzo, un momento de reconocer eso que vas a cosechar. Una vez que has devuelto con amor a tus ancestros lo que era de ellos, te das la vuelta y emprendes tu propio camino. Avanzas por un sendero tranquilo, fácil. Te vas alejando de ellos, aunque sigues sintiendo su fuerza detrás de ti. El ruido se va disipando, se calma en el exterior y también se calma tu entorno.

Y caminando, cruza por tu mente el viejo deseo de todos los humanos de construir tu propio hogar: un sitio donde refugiarte de las inclemencias, pero también, y quizás más importante, necesitas tener construido un hogar interior, un sitio dentro de ti donde estarás seguro y protegido. Así que, según vas caminando, ves que aparece una casa delante de ti. No es una casa cualquiera, porque esta casa es el símbolo de tu hogar interior. Observa su aspecto desde fuera. Puede ser grande, pequeña, moderna, antigua… No importa mucho cómo sea, solo que sientas la sensación de que ahí puedes ser completamente tú.

Te acercas a la puerta y ves que en ella hay una llave. Abres la puerta y te quedas con la llave en tus manos como símbolo de que puedes cerrar u abrir, como símbolo de que puedes poner tus límites, que no te vas a aislar, pero que siempre vas a proteger aquello que valoras. Entras dentro de la casa para observar dentro y lo primero que te encuentras es una manta suave y cálida. Permítete sentir esta sensación de calidez, pero ahora dándotela tú a ti misma, tú a ti mismo. Continúa imaginando, visualizando este hogar. Ahora ves sobre la mesa que hay un cuenco que está abierto, un cuenco que puede estar vacío o que contenga piedras o flores. En tu hogar hay un cuenco que está esperando a recibir la alegría y la ilusión, pero también está dispuesto a recibir la tristeza y la incertidumbre. Todo va a ser recibido, nada va a ser rechazado; todo encuentra un espacio dentro de ti.

Avanzas y ahora descubres una taza: es tu taza favorita. Es el símbolo de esos pequeños rituales cotidianos, como puede ser el café de la mañana o el té con el que te acompañas cuando estás leyendo tranquilamente. Es el símbolo de esos pequeños rituales que repites con cariño y que poco a poco son los que construyen un hogar.

Sigues avanzando y ahora, en una de las paredes, encuentras colgado un mapa. No es el mapa de ningún sitio, solo tiene un punto destacado, está muy marcado. ¿Cuál es tu norte? ¿Cuáles son tus valores? ¿Qué es aquello que siempre permanece en ti, incluso cuando el camino o las circunstancias pueden cambiar? Y quizás aquí puedes detenerte un momento para internamente hacerte una pregunta: ¿Qué es lo verdaderamente importante para mí? Y deja suavemente que aparezca, si tiene que aparecer, la respuesta.

Desde allí entras en una estancia que está iluminada únicamente por una vela. Su llama brillante permanece tranquila y tú te sientas frente a ella durante unos instantes. Respiras, te das cuenta de que no tienes que hacer nada, solo ser. Y permites así que el silencio también forme parte de tu hogar.

Ahora te levantas para descubrir que hay una hermosa planta viva. Observa sus hojas, quizás sus flores, y reflexiona sobre su crecimiento, que ha sido poco a poco. Representa la belleza interior, esa belleza que necesita cuidado, tiempo y presencia.

Y sigues moviéndote. Ahora lo que descubres es un cuaderno: es tu diario, y en sus páginas encuentras descritos momentos sencillos de tu vida. Quizás una sonrisa que has recibido, una conversación agradable, un abrazo, un paisaje que te ha impactado, un aprendizaje que has hecho… y te das cuenta de que también es un diario de gratitud, porque estos momentos sencillos son la verdadera riqueza de la vida.

Ahora tus ojos se van a detener en un objeto que te das cuenta de que está reparado. Era un objeto cerámico que en algún momento se rompió, pero ha sido restaurado. Nota sus grietas; este objeto no oculta su historia, la muestra con dignidad, porque tus heridas no disminuyen tu valor: ellas forman parte de esa belleza que eres.

Y finalmente llegas hasta el corazón de la casa. Lo que observas allí es una mesa redonda, una mesa sólida que es un espacio para recibir en torno a ella a tus personas queridas. Así sabes que en tu hogar hay lugar para escuchar a los demás, para sentir el cariño y la compañía y para dar amor. Y ahora te das cuenta de que todo lo que has visto no son simplemente objetos: son partes de ti. Esas partes que están siempre contigo porque no están fuera, están dentro de ti. Tú eres quien construye tu casa día a día con tu amor y con tu cuidado.

Una vez has recorrido esa casa, has podido encontrar tu calidez, tu taza de café contigo, aquello que es importante para ti y que representa el corazón de ese lugar, de ese hogar interior. Es un momento de permitirte ahora integrarlo dentro de ti. Visualízate entrando en un espacio de árboles frondosos. Puede ser un bosque, una montaña preciosa que te invita a ir hacia tu interior. En este espacio encuentras un lugar donde acomodarte, donde estar. En este último paso del trayecto te acompaña la energía del arcángel Chamuel, una energía del amor, un ser de luz que te recuerda hoy, en este día especial, el amor.

Y desde este lugar haces conciencia de esa casa, de tu casa interior, todo aquello que has soñado y que has ido incorporando en tu casa. ¿Qué contiene tu casa interior? ¿Cómo se siente habitar esa casa interior? Tal vez no tengas total claridad. Recuerda: hoy estamos sembrando la semilla de lo que representa nuestro hogar interior. Así que, una vez finalicemos este encuentro, te invitamos a describir, a escribir todo aquello que estás visualizando y sintiendo para, dentro de unos meses, revisarlo y reconocer lo que has sembrado.

En este hogar interior aparece tu manta, esa calidez, tu lugar de descanso, tal vez tu silencio, tu pausa, tu tiempo, tu presencia, los seres que habitan también en lo más íntimo de tu vida. ¿Cómo es estar en tu casa interior? Experimenta por un momento todas esas sensaciones, olores o colores que puedan llegar a ti en este, tu lugar. Recuerda: aparece esa belleza interior, esa planta que ha tomado tiempo en crecer, pero que va poco a poco floreciendo. Acá habitas tú. Acá habita el ser precioso que eres tú.

Permítete reconocer tu esencia libre ahora, sin cargas, eligiendo estar en el camino y en el hogar que tú deseas estar. Cáncer te invita a eso: a volver a tu hogar interior, allí donde está la relación más estrecha que puedas experimentar contigo. Y en este espacio de bienestar, en este espacio de estabilidad en donde tú puedes encontrarte, date un momento para reconocerte y para poder tener la experiencia de habitar tu lugar interior, el regreso a casa.

Toma una respiración profunda, sueltas el aire. Inhala profundo, sueltas el aire. Poco a poco vas a ir regresando a tu momento presente, a tu aquí y ahora, moviendo tus brazos, tus manos, tu cuerpo. Hónrate profundamente por este camino hacia el interior. Abre tus ojos. Namasté.

Gracias por acompañarnos el día de hoy en esta meditación. Esperamos que tengan su momento para hacer sus notas, para escribirlo, ya que durante este tiempo podremos ir dejando esa semilla que hemos sembrado el día de hoy para poder recoger esa cosecha en 6 meses. Que será en tiempos ya casi de Navidad, ¿no es cierto, María Victoria?

Sí, sí, justamente el 23 de diciembre, en fechas más familiares, por cierto, ¿no?

Así es. Gracias, gracias, gracias por estar con nosotros y nos encontraremos en nuestra próxima luna nueva en agosto, que coincide con ese eclipse de sol.

Pues hasta entonces, que seáis muy felices y habitéis vuestro hogar interior.

Namaste.

Con cariño